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La mayor desaladora de Latinoamérica en Rosarito encenderá debate por costo de agua

Tijuana, BC – La frontera entre México y Estados Unidos enfrenta un desafío compartido: La escasez de agua. En ciudades como Tijuana y San Diego, los cortes frecuentes y el aumento de la demanda por el crecimiento poblacional han puesto en alerta a autoridades, agricultores y especialistas. Una de las soluciones que cobra mayor relevancia es la construcción de plantas desaladoras, y entre ellas destaca la desaladora de Rosarito, proyectada como la más grande de Latinoamérica.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que el proceso de licitación para esta obra está por iniciar. Se trata de un proyecto estratégico, considerado la principal alternativa para garantizar el abastecimiento de agua en la región, sobre todo ante la reducción de los flujos provenientes del río Colorado.

“Desde el 2021 ha estado disminuyendo el agua, en un principio fue muy poco, dos, tres por ciento. Este año se redujo el 20 por ciento de la asignación, y para ponerlo en referencia, si a ustedes les bajaron el 20% de su salario pues les duele, ¿no?”, explicó Samuel Sandoval Ruiz, profesor de la Universidad de California en Davis.

La caída en los volúmenes de agua del río Colorado ha encendido alarmas en toda la región fronteriza, al impactar tanto a las zonas urbanas como a los campos agrícolas.

En el Valle de San Quintín, al sur de Ensenada, la crisis hídrica transformó radicalmente el panorama agrícola.

“Yo vivo en San Quintín desde hace 32 años. Cuando llegué había abundancia de agua y había 28 mil hectáreas plantadas. ¿Y ahora? Debe haber arribita de seis mil”, relató Ernesto Guevara, productor de frutos rojos para exportación.

Ante la falta de agua, muchos agricultores decidieron invertir en desaladoras propias. Guevara recuerda que “hace 35 años se puso la primera desaladora; empezó a bajar la calidad del agua, ya no era adecuada, al grado que se pusieron nuevas plantas. Hoy ya no puede producir si no tiene desaladora”.

Estos equipos privados se han convertido en la única alternativa para sostener cultivos de tomate, frutos rojos, cebolla y otros productos destinados principalmente al mercado de exportación.

Si bien la desaladora de Rosarito representa una apuesta gubernamental sin precedentes, los expertos advierten que traerá consigo un incremento considerable en el precio del agua para los consumidores.

“Por lo menos dos veces o tres veces por esa unidad de agua. Primero te van a mandar la unidad de agua del Colorado, y la que haga falta te la cobran a precio premium”, detalló el profesor Sandoval.

Además del costo de producción, está el desafío ambiental de manejar la salmuera que resulta del proceso. “Es el agua más cara y aparte de que es más cara nos pasan la factura de limpiar la salmuera. Es más fácil ahorrar agua, es más fácil incrementar las eficiencias”, agregó Sandoval.

La desaladora de Rosarito será un proyecto de dimensiones históricas, pero también un punto de inflexión en la discusión sobre cómo garantizar el acceso sostenible al agua.

Académicos y autoridades del agua de ambos lados de la frontera ya han comenzado a analizar alternativas que van desde mejorar la eficiencia en el uso agrícola hasta reforzar la cultura del ahorro. Las conclusiones de este diálogo binacional quedarán plasmadas en un documento que se entregará a los responsables de tomar las decisiones finales.

La crisis de agua no tiene soluciones fáciles. El futuro de la frontera Tijuana-San Diego dependerá de si logra equilibrar la necesidad de nuevas infraestructuras con la urgencia de un manejo más responsable y sustentable del recurso.

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