En la ciudad de Tijuana, el Día de las Madres no fue sinónimo de celebración para todas. Mientras en muchos hogares hubo flores, abrazos y reuniones familiares, afuera de la Fiscalía de Baja California el ambiente fue distinto: dolor, resistencia y exigencia de justicia marcaron la jornada para decenas de mujeres que aseguran no tener nada que festejar.
Se trata de madres buscadoras y víctimas de violencia vicaria, una forma de violencia de género que utiliza a los hijos como instrumento para dañar emocionalmente a las mujeres. Este 10 de mayo, alzaron la voz para visibilizar una problemática que, aseguran, continúa ignorada por las autoridades.
Protesta en Tijuana: cuando el 10 de mayo duele
El edificio de la Fiscalía se convirtió en punto de encuentro para estas mujeres, quienes vistieron de morado y colocaron los nombres de sus hijos en una pared, acompañados de mensajes cargados de esperanza y dolor.
“Soy víctima de violencia vicaria desde el 2016, ya tengo 10 años que no veo a mi hija, yo la he buscado por mi cuenta, porque las autoridades se limitaron es que está con el papá”, denunció Janeth Pliego, una de las participantes.
Para muchas de ellas, el paso del tiempo no ha significado avances en sus casos, sino una prolongada espera marcada por la incertidumbre y la desesperación.
Expedientes detenidos y falta de atención
Colectivos como CESODI advierten que los casos de violencia vicaria en Tijuana enfrentan un obstáculo constante: la inacción institucional.
“El tema en fiscalía está completamente parado, siguen sin avanzar las carpetas, ahorita están detenidas por temas de peritajes, que no tienen el personal capacitado para poder aplicar los peritajes que necesitan para poder documentar y probar la violencia”, explicó Estefanía Plasencia, integrante del colectivo.
La falta de personal especializado y recursos ha dejado a muchas madres en un limbo legal, donde probar la violencia se convierte en una batalla adicional.
Violencia vicaria: un delito poco perseguido
La violencia vicaria está reconocida como delito en México; sin embargo, su aplicación sigue siendo limitada. Este tipo de violencia ocurre cuando uno de los progenitores, generalmente el padre, utiliza a los hijos para castigar a la madre, separándolos de ella por largos periodos.
En ciudades fronterizas como Tijuana, la situación se agrava. De acuerdo con colectivos, es común que los menores sean trasladados a Estados Unidos, dificultando aún más su localización.
“Sabemos que al ser una ciudad fronteriza se da mucho este tipo de delito donde los progenitores se llevan los niños a Estados Unidos y más cuando saben que la mamá no puede cruzar”, señaló Plasencia.
Tan solo el colectivo CECODI tiene documentados al menos 140 casos en la región, lo que posiciona a Tijuana entre las ciudades con mayor incidencia.
Una lucha que no se detiene
Para estas madres, la protesta no es solo un acto simbólico, sino una forma de mantener viva la exigencia de justicia y el derecho a reencontrarse con sus hijos.
“Que mamá no se rinde y que seguirá luchando hasta que regrese a casa”, expresó Soraya Ortega Álvarez, otra de las víctimas presentes.
Más allá de la protesta: el llamado al Estado
El 11 de mayo se conmemora el Día Nacional de la Lucha contra la Violencia Vicaria, una fecha que refuerza la urgencia de atender esta problemática desde las instituciones.
Las manifestantes no solo piden avances en sus expedientes, sino un compromiso real
Gallery


