San Diego, CA – Dos días después del tiroteo ocurrido en el Centro Islámico de San Diego, familias y expertos en salud mental advierten sobre el impacto emocional que la violencia puede dejar en niños y adolescentes, incluso en aquellos que no estuvieron presentes durante el ataque.
Padres de familia y maestros aseguran que varios menores continúan mostrando señales de miedo, ansiedad y dificultades para sentirse seguros tras lo sucedido.
Tamer Mansour relató que su hijo de 6 años se encontraba jugando en el patio del Centro Islámico la mañana del lunes cuando personal de seguridad le pidió entrar al edificio.
“Estaba jugando en el patio antes de que ocurriera el tiroteo”, dijo Tamer Mansour.
Mansour explicó que una maestra escondió al menor dentro de un baño mientras se escuchaban los disparos.
“Dice que le duele la cabeza porque escuchó muchos disparos”, comentó Tamer Mansour.
Desde entonces, aseguró que su hijo ha mostrado cambios importantes en su comportamiento. Explicó que normalmente duerme en su propia habitación, pero ahora no quiere dormir solo.
“Desafortunadamente, se despertó cuatro veces gritando y llorando. Son momentos horribles y muy difíciles”, señaló Tamer Mansour.
También indicó que otros de sus hijos, quienes asisten a una escuela distinta, han comenzado a sentirse inseguros tras enterarse de lo ocurrido.
El impacto emocional también se ha reflejado en estudiantes de preparatoria vinculados a la mezquita.
“Mis estudiantes están muy angustiados y molestos. Tienen miedo”, dijo Najat Aknibess, maestra de Kearny High School.
Especialistas en salud mental explican que los tiroteos son eventos traumáticos que pueden dejar secuelas psicológicas durante años, especialmente en menores de edad.
“Esto puede desencadenar muchísimos ataques de ansiedad, ataques de pánico y depresiones profundas”, explicó la psicóloga Martha Muñoz.
La especialista indicó que algunos síntomas comunes incluyen miedo durante la noche, temor a ciertos lugares o personas, pérdida de apetito, irritabilidad y cambios de conducta.
“Hay que estar muy al tanto. Los padres tienen que conocer muy bien a sus hijos para darse cuenta de que hay cambios de conducta”, agregó Muñoz.
La psicóloga señaló que es comprensible que algunos estudiantes no quieran regresar inmediatamente a clases después de una experiencia traumática.
“Hay que darles un tiempo para reponerse del impacto, porque también forzarlos a ir inmediatamente puede ser contraproducente”, explicó.
Muñoz recomendó a los padres mantener conversaciones tranquilas con sus hijos y reforzar un ambiente de seguridad en casa.
“Hay que hacerles sentir a los hijos que no es algo cotidiano y que tienen la seguridad de que los padres van a estar ahí para apoyarlos y protegerlos”, afirmó.
La especialista advirtió que el impacto emocional puede aparecer de manera inmediata o incluso meses y años después del evento traumático, por lo que recomendó buscar ayuda profesional y terapia psicológica como medida preventiva para evitar consecuencias más severas a largo plazo.

